2003 /
Salva al niño
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Hariharananda Tapovanam (Himalayas)
Diciembre 10, 2004
Mis amadas almas,
Tuve un sueño hace un par de días. No fue una revelación profética, que destrozará la tierra- era mas bien como un susurro suave e lo profundo de mi corazón.
En el lado golpeado por los vientos de una montaña escabrosa, yacía una mujer en las agonías del parto y la muerte, mientras simultáneamente daba a luz a una niña. La joven mujer expiró, dejando a la recién nacida en el suelo – una enfermiza y débil chispita de vida luchando por sobrevivir en este mundo duro y frío. Unos pocos pasos más allá un hombre estaba arrodillado con sus brazos estirados hacia un cielo vacío y brillante, llorando y repitiendo: Dios salva al niño, salva al niño oh Dios!
El cielo se suavizó y una Presencia luminosa brilló de lado a lado del horizonte “Salva a Mi hijo y mi hijo te salvará” susurró el viento en el oído del joven hombre postrado.
Despertándome repentinamente en la helada cabañita en los Himalayas, descubrí que corrían lágrimas por mi rostro, mientras yo continuaba susurrando en voz baja una y otra vez “O Dios salva al niño, salva al niño…"
Me senté en la cama, me eché una cobija sobre mis hombros y medité durante una hora, permitiendo que la vívida impresión del sueño, lentamente llegara hasta lo más profundo de mi ser interior.
El simbolismo era claro para mí, ya que encarnaba el espíritu del “Arca del Amor. Al dedicar algún tiempo a los pequeñines pobres y abandonados de la sociedad usted pronto se dará cuenta de que esta es un oportunidad preciosa dada por el Padre Poderoso Supremo. Al salvar a Sus niños del abandono y la desesperanza, estos niños a su vez nos salvarán de los demonios del egoísmo, la soberbia y del olvido de Dios. No podremos permanecer abstraídos en la miseria creada por nosotros mismos, cuando estamos compartiendo una sonrisa, un abrazo, una canción o una historia con los pequeñitos.
Agradezcan a Dios por el niño. Y también gracias a Ti por tus pecadores!
humilde,
Swami Sarveshwarananda |